Verte

bw

De pronto me había quedado sin palabras: qué sensación de irrealidad tan fuerte cuando la realidad se presenta ante ti, viva y palpable, en vez de consistir en píxeles más o menos coloreados, hechos imagen o palabra. Pero por eso quería verte, aunque fuera sólo un momento robado con cualquier excusa durante un viaje fugaz que te había acercado a mi lugar tan lejano. Te había pedido que hicieras real para mí una fotografía, que convirtieras en carne lo que hasta ese instante eran sólo líneas, y te habías prestado a mi capricho, caprichosa a tu vez o curiosa de saber cómo era el que tras mis palabras se ocultaba.

Nadie hubiera pensado que bajo el vestido tan simple se escondiera un cuerpo ataviado para el deseo. Sólo los zapatos de tacón, demasiado abiertos y demasiado decorados como para resultar cómodos, delataban una intención maliciosa. No te invité a pasar, no hacía falta: cada punto del guión de aquella tarde calurosa estaba acordado de antemano. Me seguiste hasta mi dormitorio, te quitaste tú misma el vestido. Me miraste.

Eran los mismos que yo conocía el tanga negro y el corsé ceñido casi hasta el ahogo, y ahora quedaban explicados los zapatos que conducían la mirada de mis ojos por el camino de tus piernas. Pero no era ese el trato, así que tú misma fuiste hasta la cama, te tumbaste boca abajo, doblaste una pierna para facilitar mis maniobras. Yo tomé delicadamente la finísima tira de tu tanga y la enganché con un tacón del zapato, y me alejé para contemplarte. La fotografía estaba viva bajo mis manos, la sentía respirar con más rapidez de lo normal, quizá con miedo, quizá excitada. Ahora veía otros detalles que quizá no estuvieran en la foto original, o a lo mejor estaban pero la cámara no podía captarlos: un rastro de sudor en la parte más baja de la espalda, la ternura de la carne allí donde era presionada, el calor que desprendía.

Estuve así un tiempo, no sé si segundos o minutos, en algún sitio suspendido más allá de la habitación cerrada. No sabía si la posición te resultaba cómoda, o si te sentías cohibida por mi escrutinio. Volviste un momento la cabeza y me miraste, interrogándome sin decir nada. Me acerqué a la cama, desenganché la tira del tanga dejando caer tu pierna, y posé mi mano, suave pero segura, en el espacio oculto entre tus muslos.

4 respuestas para “Verte”

Anda, cuéntamelo...

Categorías